Por Thamara Bryson

Una investigación que comienza sin anunciar su fin. Las Flores del bien, pretende ser un encuentro con la contemporaneidad de artistas que han crecido en germinadores de inspiración. Es una exploración sobre la influencia de su entorno y de qué manera esto ha impactado en sus exploraciones creativas.

En esta primera entrega de Las Flores del bien, enciendo una cenital sobre Gala Garrido, hija de Nelson Garrido, Sebastián Zerpa, hijo de Carlos Zerpa y María Eugenia Gil, y Alma Fuenmayor, hija de Héctor Fuenmayor y Mariela Casal, quienes crecieron rodeados de cuadernos de bocetos, poesía, pinceles, lienzos y música, entre muchos otros estímulos de inspiración.

Según Viviana Granados, bióloga farmacéutica, quién trabajó durante 12 años en genética en el CHU de Saint-Étienne, “No se han descrito genes para el talento artístico, pero lo que sí es cierto que al igual para muchas enfermedades, posiblemente existe una predisposición que se acentúa con el medio ambiente en donde estas personas han crecido y como han sido educadas. La predisposición genética o susceptibilidad es la carga genética que influye en el genotipo de un organismo individual y este fenotipo puede ser modificado por las condiciones del medio ambiente en el que se encuentra.”

Pero, ¿Con qué carga el hijo del artista?, acaso son láminas delgadas de éxito que fungen de tablas de surf para saltar ola tras ola, o son pedazos de escombros gigantescos imposibles de cargar.

No hay bien sin mal, no hay odio sin amor, “Sin sombra no hay luz”.

¡Y qué importa si el arte hace bien o mal! Qué maravilla tan inmensa significa rendirse ante el diálogo con una obra. Quedarse fijamente mirando la creación de otro. Tratar de entender un universo detrás de trazos, de lentes, de plumas. Eso es lo único que está realmente muy bien, eso que quizá partió de un desorden, del tormento, de la inquietud, y que va sin freno a estrellarse contra los ojos del espectador, provocando sensaciones, emociones, incomodidad, placer, quizás un suspiro, ser ese último eslabón de la libertad, entonces sin duda que nada de esto puede estar mal.

Porque no siempre los hijos se magnetizan con su entorno, en muchas ocasiones sucede todo lo contrario. Hay decepciones terribles, como la que vivió aquel ferroviario chileno cuando su hijo quiso dedicarse a la escritura. Ese niño que no llevaba un nombre, sino tres; Ricardo Eliécer Neftalí, no dudó en refugiarse bajo el seudónimo de Pablo Neruda, para no causarle a su padre la terrible pena de tener un hijo poeta.

También hay hijos como Paul Cézanne, que escapó de la alta alcurnia, dándole la espalda al deseo de su padre de convertirse en abogado como él, para refugiarse entre naturalezas muertas en Aix-en-Provence.

Los invito a viajar a través de los mundos de Gala, Sebastian y Alma, tres artistas hijos de artistas.

Los diarios de Gala Garrido

Gala Garrido, 2018.

Esta gestora cultural, artista visual y poeta de 34 años, es también hija del fotógrafo venezolano Nelson Garrido. Aunque nació en la Clínica Ávila, vive en las Acacias desde los 18 años, en donde habita y cohabita en la biosfera artística de la emblemática ONG (Organización Nelson Garrido).

Observar una de sus fotografías, es un ejercicio desafiante. Intentar dialogar con su trabajo es casi un acto de irreverencia. La investigación de la artista se centra en la exploración del poder y erotismo de lo femenino, creando puestas en escenas inspiradas en el registro de su intimidad y la relación que establece con diversos personajes, algunos extraídos de la historia y otros de su imaginación.

En paralelo, ha desarrollado una carrera como poeta tras bastidores. Gala escribe diarios desde niña. Para ella escribir es más que un desahogo, es un lugar para la salud mental. Se dedica a la producción literaria sobre todo en las mañanas, sin presión, solo con rigurosidad y disciplina.

Dos inundaciones en casa de su madre se llevaron a la eternidad diez años de escritura. Los diarios que había escrito entre los 18 y 28 años, y que descansaban en cajas de cartón en un armario, fueron alcanzados por un desborde de agua que arrasó con las bitácoras más íntimas de los primeros años de la poeta, sin embargo, estos eventos no lograron calmar su sed de seguir desahogando a través de la escritura.

¿Cómo descubres que estos diarios que escribías desde niña, comienzan a tomar forma literaria?

Escribo diarios desde muy joven, pero es el 2005 cuando decido llamar a mis diarios Imágenes desechables. En 2011 decido cambiarles el nombre y ahora se llaman Apuntes sobre el hastío. Aunque estoy consciente de que iba hacía algún lado, me ha costado mucho asumir el tema de la poesía o de la escritura de los diarios, como un verdadero trabajo literario, como poeta, siento que apenas estoy saliendo del closet (RISAS), pero ya desde un tiempo para acá lo estoy asumiendo como parte de mi trabajo.

“Para mí leer en voz alta es un acto de amor”

Apuntes sobre el hastío ha tenido una sutil difusión en Instagram a través de imágenes y lecturas. ¿Por qué decides compartir tu producción más íntima en esta red social?

Si. Comencé a leer mis Apuntes sobre el hastío emisiones LIVE que hice en Instagram en el 2017. En ese momento aquí en Venezuela estábamos viviendo una situación muy crítica. Habían protestas, bombas lacrimógenas, fuego, balas, muertos, esa Caracas tan sórdida, me hizo refugiarme más en mi casa. La mayoría de mis amigos y seres queridos se habían ido del país, entonces yo comencé a leer en voz alta, porque para mí leer en voz alta es un acto de amor. Esto me permitió crear un espacio de intercambio con la gente que amo que también estaba aislada en su casa.

La serie de diarios Apuntes sobre el hastío van a fuego lento, pero… ¿Sabes hacia dónde vas tu con este proyecto?

Todavía no lo veo claramente porque estoy en medio del proceso. Digamos que puede tener varias maneras de existir: Uno son estas lecturas que hago, los diálogos imaginarios que tengo con otros escritores y otros artistas, están también mis propios poemas y mi propia escritura. Me gusta mirarlo como mi propia constelación. Como un viaje hacia mi propio inframundo.

Hay una parte que me gustaría que fuera un libro de fotografía y poesía, de pronto varios volúmenes, también una exposición con video, con imágenes, con sonidos, y tiene una parte que es para mi la más fundamental, que es como una bitácora de viaje. En esto necesito trabajar mucho, porque la imagen de los mapas internos y externos, y los viajes son hacia adentro, pero guiada de alguna forma por estos otros artistas que estuvieron antes que yo en líneas similares de investigación.

Mencionaste a algunas de tus influencias en la literatura, tales como Aurora Venturini y Siri Hustvedt, otras en las artes visuales como Orlan, Sophie Calle y Carol Rama, pero, ¿De qué manera ha influenciado tu padre, Nelson Garrido en tu carrera?

(Risas) Bueno, es mi papá. Es difícil separarlo. Me ha influenciado en la metodología de trabajo, la obsesión por los cuadernos de bocetos, él lo lleva de una manera distinta, pero esa rigurosidad de llevar notas en cuadernos, eso lo tenemos en común. En la estética de mi trabajo…(pensativa). Yo me formé viéndolo a él trabajar, debo tener muchas similitudes, pero también tengo mi estilo propio.

¿Desde cuándo te ocupas de la gestión cultural de la ONG?

Tengo 10 años haciéndome cargo de la programación cultural de la ONG. He puesto toda mi energía en este proyecto. Creo mucho en el proyecto social que estamos haciendo. Vivo en el anexo de la ONG desde los 18 años y no creo que pueda dejarlo nunca porque me ocupo de toda las exposiciones, eventos, talleres, blog, biblioteca, entre otros encuentros que realizamos.

¿Consideras dejar a un lado la fotografía basada en las puestas en escena para dedicarte solo a la escritura?

La obra fotográfica con la puesta en escena, es un gran trabajo de producción que requiere de una gran coordinación entre actores, asistentes, de gente que hoy, con el tema Covid19, pues ha quedado separada. Por el momento, este trabajo está en pausa. Yo he aprovechado el confinamiento para sumergirme más en mi producción literaria, pero en realidad todo se relaciona entre sí.

Poema que habita en la serie de diarios Apuntes sobre el hastío

Hundiste tus manos en la densidad de la noche

Y emergieron circulares acunando un palpitante pájaro,

me pediste que pusiera las mías como una copa

para entregarme esta llama herida

Gala Garrido

El universo naciente de Sebastián Zerpa

“ZERPA el artista invisible, la máscara de la verdad”

Sebastián Zerpa, es el hijo menor de Carlos Zerpa. Nació en Caracas en 1998 y allí pasó toda su infancia y adolescencia. Con 22 años ya comienza a madurar y encausar su carrera artística. Es un autodidacta dedicado a la documentación en el amplio mundo de las Bellas Artes. Ha vivido inmerso en un entorno creativo, tanto, que ya a los tres años estaba seguro de que quería ser artista, pero en los últimos años de su adolescencia es cuando comienza a ver más nítido este sueño. En el 2017 emigró a México con sus padres.

¿Cuál es el momento en el que sientes que quieres comenzar a pintar?

Me gustaba mucho dibujar. De hecho cuando tenía como 13 años tomé clases con Efraín Ugueto. Un día estaba trabajando en el tercer ojo y mi papá se acercó a mí y me dio un pincel. Ahí comencé pintar, pero igual no abandono el dibujo. Me gradué de bachiller, pero me dedico sobre todo a ver cine, a leer, a cultivarme, porque para mí lo más importante es el arte, no la técnica, por eso me baso en el trazo gestual. También, una de las cosas más significativas que me han pasado es haber tenido la oportunidad de visitar varias veces el taller de José Vívenes en Altamira, no sólo para observar, sino también para crear juntos. Para mi, él es un maestro.

¿Cual es tu proyecto artístico?

Mi proyecto artístico es en primer lugar utilizar mi apellido como: ZERPA, así en mayúsculas. Es un proyecto de anonimato total, para desmitificar al artista. Es algo que siempre dijo mi papá en los años ochenta. Yo quiero tener reconocimiento por mi nombre, no por mi rostro. Considero que soy un instrumento, un puente entre el imaginario y este plano terrenal. No me considero propietario de mi obra. También me gusta llamarlo el Anti-ego.

¿Por qué usas máscara?

Mi simplificación de la máscara parte de las máscaras más antiguas de la humanidad, encontradas en Israel, las cuales datan de 9000 años de antigüedad. Aún dentro de mi expresión figurativa, mis rostros invisibles huyen a la idea de tener una representación antropomórfica. Las máscaras son símbolos, inexpresivos, que carecen de sentido de pertenencia. No pertenecen a ningún lugar, como dice Facundo Cabral, no soy de aquí, ni soy de allá.

Sin embargo, sí poseen su huella, la huella esencial, la savia del artista, que atrae a las abejas. Están cargadas no de expresiones, si no de emociones, de sensaciones. De saberes. Simplicidad y la síntesis del rostro humano

¿Cuál fue tu primera participación artística?

Fue antes de salir de Venezuela. Mi madre me comentó que había un proyecto convocado por Cora Wallis y decidí contactarla para participar. Era una invitación a artistas a crear unos billetes. Este proyecto me permitió centrarme en lo que realidad quería hacer, dedicarme al arte por completo.

Kabutomushi, ZERPA.

¿Por qué te llamas @Zerpa_house en Instagram?

Quise apropiarme de mi apellido, porque también me pertenece. Casa Zerpa, es un proyecto familiar, es lo que nos remite a nuestro origen. Yo me siento como una extensión de mi padre, alguien que viene a seguir la tradición y a seguir como un semillero regando el arte por el mundo. Es un sentido de pertenencia que está allí de una manera invisible. Por eso yo suelo llamarme “ZERPA el artista invisible, la máscara de la verdad”.

También te describes como “artista de día, rapero de noche” ¿Por qué?

Porque también tengo un proyecto poético musical. La música es una excusa para mostrar mi poesía. Porque también escribo. Pero esto es un proyecto aparte que tengo.

Influencias infinitas en todas las artes

Sebatian Zerpa está minado de grandes influencias, como la de los artistas: Baselitz, Magritte, Jheronimus Bosch, Picasso. Los latinoamericanos, Mario Abreu, Armando Reverón, Jorge Pizzani. En el cine por Akira Kurosawa, Terry Gilliam, Tim Burtom, Jim Jarmusch. De dibujantes y animadores como Gustave Doré, Roland Topor, Todd Mcfarlane, Frank Miller, Jim Starlin, Robert Crumb, Moebius, Art Spiegelman, Hergé, Akira Toriyama. De escritores y poetas como Tolkien, Borges, Hesse, Homero, Poe, Lewis Caroll. Y músicos como MF DOOM, Madlib, Kraftwerk, Daft Punk, Gorillaz, también los sonidos de los años 60’s 70’s, progresivo y psicodélico rock en general, desde Pink Floyd, Zappa, King Crimson, Vangelis, Zeppelin, Jethro Tull, etc.

PALABRAS POÉTICAS A MI PADRE

No poseo ningún poder en mis manos, tan sólo el saber que todo comienzo tiene un final

por eso de nuestro Uróboro querido padre, seamos cabeza y cola.

Y yo estoy tan terminado como un cartón de jugo de uvas con fecha de vencimiento

ahora podemos embriagarnos.

Mi vieja amiga, sólo doy por sentado nuestro re encuentro

ella fue la única que me regaló la certeza con un lazo de garantía.

Me mantiene alejado de las pertenencias,

me mantiene aunado a las experiencias.

Yo soy el bestiario de Cortázar

Yo Soy el hijo de la Muerte

Yo soy el efecto de tu causa

Yo soy el Nacimiento Puro

ZERPA

El estado sublime de Alma Fuenmayor

Alma Fuenmayor es hija del artista plástico Héctor Fuenmayor y de la poeta, compositora e Intérprete, Mariela Casal. La joven artista nació en Caracas en el año 2000. Allí pasó su infancia y adolescencia. En el 2017 emigró a Madrid en donde estudió creación gráfica en la Escuela de Arte Superior. Actualmente vive en Barcelona y explora la combinación de todos sus talentos, el dibujo, la ilustración, la música y la poesía para crear un proyecto que unifique todas estas artes.

¿Cuándo comenzaste a pintar?

Cuando estaba muy pequeña. Mi mamá y papá siempre me estimularon para pintar. Pero en realidad comencé a tomármelo en serio a los 11 años. Aún no sé cuál es mi estilo, pero siento que hay un grupo que me influyó muchísimo: Gorillaz, con esos personajes animados. Desde que los descubrí, quedé cautivada. Antes de ir a Madrid a estudiar dibujo e ilustración, pintaba mas de forma tradicional, hacía muchas cosas con tinta, con marcadores, pero cuando empecé la carrera, le agarré el gusto al arte digital y estuve como 1 año y medio trabajando en photoshop, porque sentía que podría equivocarme mil veces, guardar, borrar, volver a comenzar. Pero este año retomé la pintura tradicional otra vez.

Creo que yo aprendí a ver el mundo como mis padres.

¿Sientes que tus padres te han influenciado en tu curiosidad artística?

Muchísimo. Mientras crecía, veía a mi papá enfocado en dos cosas que eran: meditar y pintar. Tenía una rutina muy marcada. Se levantaba todos los días para prepararme para ir a la escuela, después se ponía a meditar y luego se ponía a pintar por horas. Yo creo que eso me marcó muchísimo. Disfrutamos de nuestra compañía, porque los dos somos muy introvertidos. Entonces podíamos pasar horas pintando sin hablar y luego reunirnos a comer o conversar. Por otro lado mi madre, cuando tenía emociones muy fuertes, su forma de canalizarlo era haciendo música y cantando o escribiendo poesía. Creo que yo aprendí a ver el mundo como mis padres.

¿A cuál de los dos te pareces más?

Los dos. A mi padre con la pintura y a mi madre con la música, aunque Héctor también hace música.

¿Te gusta escribir?

Cuando escribo, utilizo la poesía para analizar qué me está pasando. Creo que es poesía…utilizo muchísimas metáforas. En realidad, de las artes que he explorado, conozco muy poco de la escritura, pero cuando escribo, parece más poesía que otra cosa.

Cuando llegaste a Madrid, ¿Ya sabías lo que querías estudiar?

En Madrid descubrí que me importaba mucho más dibujar y hacer arte que cualquier otra cosa. Hice el bachillerato dos veces. La primera en Caracas, en donde no pude terminar porque tuvimos que emigrar. La segunda en Madrid, en donde pude escoger qué tipo de bachillerato hacer, ya sabes como es en Venezuela que solo hay Ciencias y Humanidades. Esto me permitió explorar otras posibilidades. Al terminarlo, me fui a la Escuela de Arte Superior, allí estudié creación gráfica, que es ilustración tradicional y digital, y animación 2D y 3D. Pero, a pesar de que lo disfruté muchísimo, no pude terminar esta escuela. Sólo hice un año y medio. Atravesé un momento muy difícil de estrés, además, antes era demasiado perfeccionista, pero en el mal sentido, tanto que me dio tendinitis, por no dejar de usar las manos.

¿Existe algún tema en particular que te gustaría desarrollar?

Luego del episodio que viví en Madrid, me recuperé pero comencé a explorar nuevas técnicas y a enfocarme en el tema de la salud mental y su relación con la espiritualidad. Creo que están profundamente relacionados. Entonces, honestamente, no quisiera estudiar más tanto técnica. Quisiera combinar los diferentes tipos de arte que manejo; el dibujo, la pintura, la ilustración, la música, para hacer un comic o algo de animación diferente.

Mencionas repetidamente la música, ¿sabes tocar algún instrumento?

Aunque me he enfocado sobre todo en dibujar, me gusta mucho la música. He probado varios instrumentos. Comencé con la guitarra. También he estado practicando con el bajo y con el ukelele. Pero quisiera explorar un poco más en lo electrónico. De hecho, en este momento me estoy formando para poder utilizar un programa de producción musical.

¿Qué proyecto artístico tienes en el futuro?

En realidad aun no sé. Creo que me gustaría combinar todas las cosas que me gustan, mezclar la ilustración con la música, con la poesía, de pronto que dejen de ser cosas separadas y unificar todo mi trabajo en uno. Quiero desarrollar el tema de la salud mental. Sobre todo porque siento que esta generación esta muy afectada emocionalmente. Las personas de mi generación crecimos viendo el deterioro de Venezuela. La economía ha estado muy afectada. Después del Covid, todo ha empeorado. Y pienso que toda esta incertidumbre ha tenido un impacto en la psiques de la gente, por eso me interesa tanto el tema de la salud mental.

Autora: Alma Fuenmayor

Influencias con sonidos góticos y circenses

De una forma sutil, Alma recoge y siembra en su trabajo, algunas de sus influencias musicales del movimiento post-punk, con los sonidos de grupos como Glorious Din y Bauhaus, agrupaciones que admira no solo por su estética, sino también por su filosofía.

“En mis ojos, dan un paso más en el proceso de aceptar la muerte, dándole la bienvenida de forma burlona a los aspectos “oscuros” de la vida; todo se siente con mucha intensidad, pero a la vez nada se toma muy en serio”.

Actualmente, centra la temática de su investigación en el tema de la salud mental, pero con ángulo satírico. La artista en plena emergencia, quiere seguir desarrollando su dibujos, ilustraciones y pinturas con un acento bufónico, quiere trascender como un “payasito riéndose de la miseria humana”.

Por esta razón, también encuentra inspiración en la melodía de Circus Contraption, Tom Waits, “The crack of doom” de The Tiger Lillies, y de obras de teatro como “The Threepenny Opera” de Bertolt Brecht y Kurt Weill, que muestran el mundo que los rodea de una forma cruda e irónica.

En cuanto al dibujo, Jamie Hewlett (Gorillaz, Tank Girl), el expresionismo alemán, y en el cine.

Poema

A ti que el tiempo te hizo olvidar tu máscara y pudrió tu rostro

Tú que piensas mucho por no sentir

Hueles la carne ulcerada y te entristece

Porque has hecho del mundo un lugar duro y hostil

Caminante errante,

rodeado de minas, de sombras en las tinieblas

El apego te entumeció las manos y los pies

te convirtió en objeto, pesado, frío, inerte pero aún así inestable, abatido

Criatura decaída,

que te empujas al levantarte,

que cojeas por no derrumbarte

para y cura tus heridas

aprende a ser niño otra vez

y tus demonios se convertirán en ángeles

Alma Fuenmayor

Las Flores del bien, 1era edición, septiembre, 2021. Copyright © Thamara Bryson

Aunque (co) existo con el arte y la cultura, mi vena periodística sigue palpitando. Así que si me cuentas algo, corres el riesgo de que lo escriba.

Aunque (co) existo con el arte y la cultura, mi vena periodística sigue palpitando. Así que si me cuentas algo, corres el riesgo de que lo escriba.